Tienes que saber algo de mi.

Tienes que saber que soy como una máquina que a veces rechina y funciona con un mecanismo extraño.

Tienes que saber que me alimento de cosas que no se encuentran necesariamente en el refrigerador, a veces sólo es cuestión de dar una pequeña dosis de plática entre las ocho y diez de la noche para lograr que pueda tener un sueño más ligero.

Tienes que saber que a veces tengo preguntas sobre cualquier tontería que no me dejan dormir fácilmente.

Tienes que saber que a veces por las madrugadas me despierto, unas veces porque tengo pesadillas, otras por que no hablé lo suficiente durante el día. Es como si se llenará un tanque que tiene que ser drenado al final del día para que mi cabeza no trabaje en sobremarcha por la noche.

Tienes que saber que me rompen los atardeceres en la ciudad que ocurren a finales de temporada de lluvias, esos que van entre el verano y el otoño, donde el cielo es gris y azul por cachos, donde entra el sol que hace juego con la lluvia para que las calles se ven doradas, pienso que caminar esos días sin sombrilla ayudan a regar una parte del alma que necesita ser hidratada.

Tienes que saber que amo el mar, que nunca en mi vida me he perdido un atardecer cuando estoy cerca del él, que le tengo miedo a veces, pero nunca me ha tratado mal, seguramente es porque no se nadar, solo se flotar como un trozo de madera; quieto, sin moverme y con eso me basta, sin embargo, antes de poner un pie en el agua, me gusta observarlo, ver la forma de las olas y perder horas sentado, callado, pensando en todo sin interntar verbalizar nada.

Tienes que saber que soy malo con las palabras; más de la mitad de las veces que quiero decir algo, sonaba mejor en mi cabeza, creo que hay un cable roto entre mi cerebro y mi boca; a veces tartamudeo, otras tantas divago, otras más término hablando de tantas cosas que ni yo me entiendo.

Tienes que saber que tengo un lado infantil que no se si quiero o no quiero que se vaya o que termine, por que me asombran las cosas, piso hojas en los parques, veo caricaturas, me da nostalgia ver que las cosas que me agradaban de niño y todavía me agradan, que todavía puedo y me gusta seguir haciéndolo.

Tienes que saber que me gusta escribir, por que es la única manera de drenar lo que tengo en la cabeza, me gusta escribir mensajes al futuro, porque cuando leo lo que he escrito de unos años atrás para el día de hoy, me doy cuenta que viajé en tiempo. Me gusta escribir cosas de amor, por que creo que el amor es el motor que puede movernos hacia donde deseamos, por que donde no hay amor no hay nada, sin embargo, en este momento todo lo que escribo no tiene dedicatoria alguna, pero no descarto que la pueda tener.

Tienes que saber que he empezado a creer en Dios, que de pronto un día se acercó a mi vida para mostrarme infinidad de cosas que el mundo y nadie me había mostrado, que me regaló una segunda oportunidad en la vida para deshacerme de todo lo malo con toda convicción y comenzar a construir de nuevo algo, que me hizo agradecido, noble, dispuesto a estar y a compartir.

Tienes que saber que si estás leyendo esto es por que algo de mi tenías que saber, pero todo esto puede ser una puerta de entrada para comenzar a saber algo de ti.

beingstorm:

Aún pasado el tiempo, sigo recordando cuando tus oídos escuchaban mi corazón, y aquella dulce voz que alguna vez logró traerme paz. Cada noche llorando, cuando mi refugio solían ser tus brazos y tus caricias el mayor consuelo. Aquella eterna madrugada en la cual me dijiste adiós y me prohibiste verte de nuevo, jamás te dije lo que sentí en ese momento, cómo escuché mi alma romperse en pedazos mientras la melancolía recorría cada parte de mi cuerpo. Mis tristes escritos tienen tatuados tu nombre, aún sin haberlo mencionado, y no me arrepiento, tu lejanía me hizo más ser humano, me hizo recuperar la humanidad que hace mucho había perdido. Y te miro, vaya que te miro, pero sé que no estás aquí, no más, ¿Quién volvería por mí? ¿Quién se refugiaría de nuevo en esta llama a punto de apagarse? ¿Por qué dar el todo por el todo, si ya no existe nada?

22 de mayo de 2018

                     “Las personas que merecen ser recordadas, merecen ser escritas.”


Que te puedo decir…

Concluiste una etapa en el lugar en el que dejaste una huella enorme, un lugar de dos por cuatro donde había un escritorio viejo con un desorden en los cajones, un cuadro de Remedios Varo que desentonaba con el descuido del lugar, un archivero viejo que rechinaba por el peso de tantos papeles que ofrecen guías para aquellos perdidos en sí mismos que no encuentran opciones, cuatro sillas incomodas donde dejamos ver entre horas de atención que somos humanos que reímos, sufrimos, nos desesperamos y nos damos cuenta que las cosas no pueden ser diferentes, sino mejores.

También dejaste una huella en mi, y con ella muchas cosas que aprender, me sacaste de muchos errores dándome una forma diferente de ver las cosas, unas más simples, otras más complejas, me enseñaste que a pesar de que la vida pueda ser desesperante, es válido tanto reír como llorar, me dejaste el amor por las cosas que hacemos y a no perder los objetivos.

Queda de más resaltar la grandeza que hay detrás de esa sonrisa, que hay más en ti que todo eso que va en tu contra, que eres más que las expectativas, más que los retos a vencer, que eres una persona que se sabe en aprendizaje constante, que no pierde la curiosidad, que duda y que día a día se construye, nunca pierdas eso.

Lo único que te puedo decir es gracias; por invitarme a ser parte de tu realidad, por las pláticas, por levantarme el ánimo en las tristes, por salvarme de mis propios ataques en las malas y por hacerme reír en las buenas.

Gracias por pasear conmigo dentro de esas cuatro paredes.

Gracias por estar.

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